Daniel Oscar Reyes nació en Buenos
Aires en 1949 y a los 17 años recibió su título
de Maestro Normal. A partir de allí, dedicó su
vida a trabajar por sus ideales, con un gran amor hacia sus
semejantes y toda la fuerza para cambiar la educación,
con propuestas basadas en la solidaridad y la cooperación.
Entre 1968 y 1982 se desempeñó como maestro
de grado de la Asociación de Escuelas Lincoln. Allí,
además de su tarea áulica, transmitió a
los jóvenes su pasión por el fútbol,
creando y luego dirigiendo equipos y campeonatos.
Siempre en el ámbito de la educación, ocupó numerosos
cargos, dictó cursos y talleres y volcó el
fruto de sus observaciones y experiencias en artículos
publicados en revistas y diarios nacionales e internacionales.
Su profundo amor hacia los más necesitados lo llevó a
trabajar como maestro de adultos y luego director del Centro
Educativo Comunitario Nº 20 de Buenos Aires, hasta que
en el año 1982 se trasladó con su familia hacia
el sur del país.
El lugar elegido fue Puerto Madryn, en la provincia de Chubut,
donde dirigió la Escuela de La Costa durante 12 años.
En ese lejano punto de nuestro país nació,
allá por 1989, el sueño de unir a estudiantes
y maestros en una gran red telemática, todos trabajando
por un mundo mejor. En esa época tomó contacto
con Peter Copen de Estados Unidos, y junto a otros docentes
de diferentes países, fundaron la Red Internacional
iEARN. Así, con mucho esfuerzo y pocos recursos, las
escuelas argentinas comenzaron a participar de esta red telemática.
En 1994 Daniel organizó y coordinó el Primer
Encuentro Internacional de Docentes de iEARN en la ciudad
de Puerto Madryn, donde se reunieron 120 maestros provenientes
de Australia, Chile, China, Cuba, EEUU, España, Holanda,
Israel, Rusia, Uruguay y de muchas provincias argentinas.
Como resultado de estas acciones, y siempre con el incansable
accionar de su fundador, nació la Red TELAR: la gran
telaraña argentina que, con el apoyo financiero del
Ministerio de Educación de la Nación, concretó la
ambición de llevar esta tecnología a los estudiantes
que cuentan con menores recursos.
Semblanza
Daniel Reyes, hombre de mediana estatura, carismático,
de permanente buen humor y risa contagiosa, en cualquier
lugar en donde se encontrara (dictando una conferencia en
una universidad mexicana, hablando a un grupo de docentes
riojanos o contando alguno de sus cuentos a un grupo de niños),
cautivaba a sus oyentes con sencillos ejemplos tomados de
su infancia y adolescencia en su querida Pompeya.
Anécdotas donde mostraba que la unión hace
la fuerza, que nada enseña más que el amor,
que sólo el esfuerzo supera las dificultades y que
todos tenemos algo para aprender o para enseñar a
ese otro ser, tan distinto y tan complementario a nosotros,
en el gran rompecabezas de la humanidad.
Este hombre inquieto, simple, humilde, con la mano siempre
tendida, contagió su entusiasmo, sus ganas y su fe
a quienes lo conocieron y les legó su firme creencia
en que el espacio telemático debe ser sentido y vivido,
por alumnos y docentes, como un lugar donde nuestros vecinos
cercanos y lejanos nos necesitan como nosotros a ellos. Donde
ocuparse del otro es ocuparse de uno mismo, evolucionando
conscientemente para desarrollar las propias potencialidades.
Un trágico accidente aéreo terminó con
su vida en 1997, cuando sólo contaba con 47 años.
Pero su mensaje de amor y solidaridad permanece en un grupo
de hombres y mujeres que hoy continúan con su ideal;
maestros y estudiantes que rinden homenaje al gran maestro,
comprometidos con su sueño de unir a Todos En LA Red. |